A primera vista, preparar cold brew en casa parece lo más sencillo del mundo: moler café, colocarlo en un frasco con agua fría o a temperatura ambiente y dejarlo reposar varias horas.
Si se hace correctamente, el resultado es una bebida oscura, potente, intensa y con mucho cuerpo, pero a la vez suavemente dulce y de textura aterciopelada. Sin embargo, preparar un buen cold brew es más complejo que simplemente echar agua sobre el café molido. Estos son los errores más comunes que conviene evitar:
1. Elegir un tamaño de molienda incorrecto
Para que el cold brew salga en su punto, el grano debe molerse en el tamaño adecuado. Usar una molienda demasiado gruesa da como resultado un café aguado y con notas ácidas, mientras que una molienda demasiado fina genera una infusión amarga y desequilibrada. Lo ideal es trabajar con una molienda entre gruesa y media, que permita alcanzar un perfil de sabor balanceado.
En una escala del 1 al 10, donde 1 es la molienda más fina y 10 la más gruesa, lo recomendable sería un 7 aproximadamente. Si tu experiencia previa con el cold brew no fue satisfactoria, es probable que el error haya estado en el punto de la molienda: demasiado gruesa si quedó agrio o demasiado fina si resultó excesivamente amargo. La clave está en ajustar y encontrar el equilibrio que mejor se adapte a tu gusto.
2. Usar agua demasiado fría o demasiado caliente
Otro error habitual es comenzar con agua demasiado fría. A pesar de su nombre, el cold brew no se prepara con agua helada ni recién salida de la nevera. La mejor temperatura para extraer correctamente los compuestos del café es alrededor de 20 °C, es decir, temperatura ambiente. Si el agua está demasiado fría, no logrará extraer los sabores con suficiente intensidad y el resultado será una bebida diluida y sin carácter.
Por otro lado, tampoco conviene usar agua muy caliente, ya que esto provoca una extracción excesiva de acidez y se pierde la suavidad característica del cold brew. Lo mejor es dejar reposar el agua a temperatura ambiente unas horas antes de comenzar, asegurando así el punto ideal para lograr una bebida equilibrada y con notas suaves.
3. No dejar reposar el tiempo suficiente
Al igual que en el café caliente, el tiempo de extracción es determinante. Si se deja reposar demasiado, el resultado será un café amargo; si el tiempo es insuficiente, la bebida quedará insípida. En el caso del cold brew, la diferencia es que el tiempo de reposo se mide en horas, no en minutos o segundos.
La regla general para quienes se inician en este método es dejarlo infusionar al menos 8 horas, siempre con agua a temperatura ambiente. Una buena práctica es prepararlo por la noche, antes de ir a dormir, y tenerlo listo para disfrutar al despertar. Con más experiencia, se puede jugar con el tiempo de reposo y la molienda, llegando incluso a infusionarlo hasta 24 horas para obtener un café más dulce, suave y redondeado en sabor.
4. Usar un nivel de tueste inadecuado
El nivel de tueste también influye en el resultado final del cold brew. Los tuestes claros, que dependen de la acidez para equilibrar las notas frutales, suelen perder carácter en este método, ya que el cold brew reduce la acidez en la taza. En cambio, los tuestes oscuros se adaptan mucho mejor: con ellos se consiguen notas dulces a chocolate y especias, con una acidez reducida que aporta una textura más aterciopelada y un perfil más suave.
5. Preparar con café viejo o rancio
La frescura del grano es fundamental. Usar café que lleva semanas o meses guardado en la despensa es otro error común. Un cold brew preparado con café rancio tendrá un sabor plano, desagradable y apagado. Lo recomendable es utilizar granos recién tostados, de entre 1 y 2 semanas después del tueste, que es el rango óptimo para asegurar el mejor perfil de sabor.
Es fácil reconocer un café viejo: basta con olerlo. Si percibes un aroma a cartón, humedad o moho, esos granos ya perdieron sus cualidades. Lo ideal es adquirir café fresco con regularidad, en lugar de almacenar grandes cantidades. Preparar cold brew con granos recién tostados no solo mejora la taza, sino que permite apreciar la diferencia de manera inmediata.
6. No moler el café justo antes de prepararlo
Así como no es recomendable almacenar café en exceso, tampoco lo es molerlo con demasiada anticipación. Los aceites volátiles del café, responsables de gran parte de su sabor y aroma, comienzan a evaporarse en los primeros minutos tras la molienda, perdiéndose en menos de una hora. Por eso, lo ideal es moler el café justo antes de ponerlo a reposar en agua para preparar el cold brew. De esta manera, se asegura que esos compuestos esenciales se transfieran a la bebida y enriquezcan su perfil sensorial.
Por la misma razón, es preferible evitar el café pre-molido de supermercado, e incluso el café instantáneo, ya que ninguno de ellos puede ofrecer el nivel de frescura y complejidad que se obtiene al moler granos enteros en casa. Para lograrlo, conviene invertir en un molino de muelas, ya que este sistema utiliza dos superficies abrasivas, una fija y otra giratoria que permiten obtener una molienda más homogénea que los molinos de aspas. Esto se traduce en un control más preciso sobre el punto de molienda y, por tanto, en un cold brew más balanceado y con mejores resultados en taza.
7. No usar agua mineral
El café no se compone únicamente de granos; el agua también representa un papel crucial en la preparación. Usar un agua inadecuada puede afectar de manera significativa el sabor final del cold brew. En algunas regiones el agua del grifo es de buena calidad y puede funcionar para infusionar café, pero lo más recomendable es emplear agua mineral.
El agua mineral proviene de manantiales subterráneos y no necesita de químicos añadidos para su potabilización. Su contenido natural de calcio, magnesio, sodio y otros minerales no solo la hace más saludable, sino que aporta equilibrio y realce al café durante la extracción. Si el agua del grifo tiene mal sabor o notas extrañas, inevitablemente estas se trasladarán a la bebida, afectando negativamente el resultado.
8. No cuidar la proporción de café y agua
Además de la calidad del agua, la proporción entre café y agua es determinante para un buen cold brew. Una proporción inadecuada puede dar lugar a una infusión demasiado diluida o, por el contrario, demasiado intensa y amarga.
La proporción ideal depende del tipo de preparación que se busque. Para un cold brew estándar, listo para beber sin diluir, la proporción recomendada es de 1 parte de café por 8 partes de agua. Si se desea preparar un concentrado para después mezclar con agua o leche, se puede optar por proporciones de 1:4 o incluso 1:2. Estas proporciones permiten ajustar la intensidad y el cuerpo de la bebida según las preferencias de cada persona, y es recomendable experimentar hasta encontrar el punto más adecuado para el paladar de cada quien.
9. Preparar sin un buen filtro
El filtrado es un paso indispensable en la preparación del cold brew. Al finalizar el tiempo de reposo, los restos de café molido deben retirarse completamente de la infusión para evitar que la extracción continúe. Si los residuos permanecen en contacto con el líquido, la bebida terminará desarrollando un amargor excesivo y poco agradable.
Aunque en casos de emergencia se pueda recurrir a un colador de té, lo ideal es utilizar filtros o bolsas diseñadas específicamente para cold brew, que permiten obtener una bebida más limpia, clara y sin exceso de sedimentos. Otra alternativa viable es el uso de una tela de quesería (cheesecloth), que también funciona como buen filtro casero. En cualquier caso, la clave está en garantizar que no queden restos de molienda en el café almacenado.
10. No almacenar el cold brew correctamente
Una de las ventajas del cold brew es que puede prepararse en grandes cantidades para disponer de café listo durante varios días. Sin embargo, un error común es no almacenarlo de manera adecuada, lo que acelera la oxidación y provoca que pierda frescura, quedando plano y sin sabor.
Para conservarlo correctamente, debe guardarse en un recipiente hermético, lo que evita la entrada de aire y retrasa la oxidación. De este modo, el cold brew puede mantenerse en buen estado hasta un mes en refrigeración. También es posible congelarlo, prolongando su vida útil hasta dos meses. Los recipientes de vidrio son preferibles a los de plástico, ya que no alteran el sabor ni retienen olores, además de ser más fáciles de limpiar.
Un detalle adicional: no se recomienda añadir leche o azúcar antes de almacenarlo, ya que estos ingredientes reducen el tiempo de conservación a solo dos o tres días en el refrigerador. Lo mejor es agregarlos justo en el momento de servir la bebida.